Así nace una invitación: del boceto al lacre

Casi siempre empieza con una foto de móvil: la finca, la ermita, el molino donde os disteis el sí. A partir de ahí hago varios bocetos a lápiz hasta encontrar el encuadre que cuenta vuestra historia sin recargarla — la papelería nupcial tiene que respirar.
Con el boceto aprobado pinto la acuarela final sobre papel de algodón, dejo que seque un día entero y entonces entra la tipografía: vuestros nombres, la fecha, el lugar, siempre a mano o con una caligrafía que imite el trazo del pincel.
Lo último es el ritual que más disfruto: elegir el papel del sobre, forrarlo si hace falta con una vitela a juego, atar un cordel o una flor seca y cerrar con lacre. Cada sobre es distinto porque cada pareja lo es — y eso es lo que quiero que sintáis al abrirlo.





